Nací en Cataluña. Con la excepción lógica
de las vacaciones veraniegas y algún que otro momento puntual, he vivido toda
mi vida en Cataluña. La mayoría de mis amigos son y han sido catalanes. Asistí
a un colegio donde se hacían muchas clases en catalán. Pese a todo eso, soy
castellanoparlante. Es más, diría que me expreso mejor en castellano que en
catalán. Jamás he ido a una manifestación ningún del 11 de septiembre.
Raramente he tenido sentimiento patriótico catalán. Eso no quiere decir que no
me sienta orgulloso de serlo. Simplemente, en ningún momento me he sentido más
catalán que español, o por lo menos tanto como para vestirme con la bandera
catalana. Ni siquiera conozco la letra de Els
Segadors más allá del estribillo y las dos primeras líneas. Como mucho, lo
tarareo y punto. Como digo, nunca me he vestido con la bandera catalana ni con
la estelada. Nunca he hecho todo aquello que se supone que ha de hacer un buen
catalán. ¿Significa eso que soy un mal catalán, que soy un buen español o ambas
cosas?
Quizás algunos me dirán que no estoy imbuido
por Jordi Pujol, Artur Mas y compañía, incluyendo a los
de Esquerra
Republicana de Catalunya. Lo que pasa es que, por otro lado, jamás se
me ocurriría ponerme la bandera española alrededor del cuello e ir por la calle
rollo Superman rojigualdo. Tampoco se
me pone dura cuando oigo el himno español. No se me ponía cuando hice la mili,
no se me va a poner ahora. Tampoco sentí ningún cosquilleo por la espalda
cuando, en alguna de mis visitas a Madrid de estos últimos años, he pasado por delante
de la bandera española que hay cerca del Museo Arqueológico Nacional de Madrid,
la cual deduzco que pusieron para que todos aquellos que piensan que la nación
española es lo más grande que se ha parido jamás de los jamases en los millones
de años que tiene nuestro planeta tengan un subidón de patriotismo cada vez que
pasan por esa zona.
Durante estas últimas semanas y meses y
leído y oído multitud de tonterías sobre tema nacionalismo desde ambos lados,
sea el español o el catalán. Obviaré lo de que «España nos roba», porque ya
está muy sobao. Una de estas tonterías es un mensaje que alguien dijo en Twitter y que decía algo así como que «hablar en español mola
y además es gratis». Por una parte me gustaría
saber qué piensa un francés, un alemán o un inglés sobre si mola o no hablar
español. Probablemente nos diría que es un idioma bonito, pero que mola más lo
suyo, porque no nos engañemos, lo de cada uno es lo más mejor del mundo mundial
y del Sistema Solar. Que uno nace donde nace para decir que lo suyo es lo más
mejor, qué leches. En cuanto a lo segundo, uno puede deducir que por hablar
otro idioma te cobra. Le pedí a esta persona alguna web donde viniesen las tarifas,
pero después de varias semanas aún no me ha contestado. Habrá que investigar.
Sinceramente, a mí los nacionalismos desde
siempre me la han sudado bastante. Es más, durante muchos años de mi vida,
jamás ni siquiera pensé en el tema del nacionalismo, ni el catalán ni el español,
quizás por el hecho de que en mi casa nunca se ha hablado del tema, al menos
excesivamente. Quizás también ha sido porque de abuelos para atrás no tengo familia
catalana. Lo más cercano era mi abuelo paterno, que era valenciano. También puede ser que sea una mezcla de todas estas cosas, aunque también puede ser que soy de los que piensa que los nacionalismos son una pérdida de tiempo y de energía que solamente sirve para fomentar el mal rollo y el odio. Tampoco hace falta ser un lince para saber que en nombre de la patria y de la bandera se han hecho muchas barbaridades a lo largo de la historia.
Por otro lado, jamás se me ha pasado por la
cabeza creerme más que otro por el simple hecho de haber nacido donde nací. Vamos,
que no me siento más persona que un guineano, que un neozelandés o que un puertorriqueño
por el simple hecho de ser español. Sinceramente, me hace gracia ver cómo hay
personas que piensan que ser español es lo más guays del mundo. A ver, en el mundo
somos más de 7.000 millones de personas y en España somos poco más de cuarenta
millones. Eso significa, haciendo un rápido cálculo mental, que España
representa poco más del 0,5% de la población mundial. En cuanto al espacio que
ocupamos, solamente teniendo en cuenta el espacio europeo, representamos el
4,79% del territorio. Si lo miramos en cuanto al total mundial, España
representa el 0,37% del territorio (sin contar el agua) y la población representa aproximadamente el
0,69% de todo el mundo.
Y si hablamos de Cataluña, pues los porcentajes son bastante menores. Por eso, me parece hasta cierto punto graciosos todos aquellos que se piensan que su lugar de origen es el ombligo del mundo. Y lo siento, pero no me sirven los éxitos deportivos de la Roja o la Décima del Real Madrid. Ya me perdonarán, pero creo que España no será una gran nación en todo el sentido de la palabra hasta que nos dejemos de chorradas y dejemos de tocarnos los bemoles los unos a los otros, los catalanes dejemos de oír y leer cómo nos llaman catalufos y otras cosas por el estilo.
En fin, con todo esto, creo que sobra decir que no iré a la V convocada para la semana que viene, ¿verdad?

